a modo de prólogo...

 

UN BUEN MORIR

 

Aunque siempre cueste asumirlo, la muerte es un hecho natural cuando marca el final de vidas largas y fructíferas.

Y ocurre para los hombres y también para las máquinas, cuando llega ese inevitable momento, que lo deseable es que la partida se produzca de la mejor forma posible, en lo que se acostumbra llamar “un buen morir”.

Es que a pesar de objetivamente ser tales, hay máquinas que parece que son más que eso. Barcos y aviones, extensiones del hombre terrestre que le permiten navegar por cielos y aguas, donde naturalmente no puede, son de ese tipo especial de máquinas. Máquinas a las que sus tripulantes les hablan como a hermanos, cuidan como a hijos, y exigen como a amantes. Máquinas a las que cuando mueren, sus tripulantes lloran, guardando una pena que solo mitiga el saber que tuvieron “un buen morir”, además de un buen vivir.

En 1995, el destructor DE1 ROU “Uruguay”, llegaba al final de su larga vida de más de 50 años, primero al servicio de la US Navy combatiendo durante la segunda guerra mundial como “USS Baron”, y desde 1952 en la Armada Uruguaya donde, junto a su hermano gemelo el DE2 “Artigas”, fueron emblemas de una época de oro en cuanto a disponibilidad de material para nuestras fuerzas armadas, obligadas a reforzarse por la delicada situación geopolítica que se vivía en la década del 50.

Como la economía manda, lo habitual es que los barcos de la Armada, al ser dados de baja, sean rematados como chatarra, para ser entregados primero al ignominioso soplete de acetileno, y luego al horno de fundición. Pero por los azares del destino, y estamos seguros también porque en quienes tomaron la decisión primó el alma marinera sobre la razón económica, para el destructor “Uruguay” se dispuso “un buen morir”. De acuerdo a la mejor tradición naval, el DE1 debía ser hundido en alta mar por sus propios camaradas, para asegurarle solemne y eterna sepultura en los fondos marinos sobre los que había paseado su señorío.


En este sitio destinado a las Memorias del Tiempo de Vuelo en alas militares uruguayas, la historia del hundimiento del DE1 “Uruguay” tiene cabida porque el mantenimiento de las tradiciones es la viga principal de la mística, esa fuerza que obliga a los hombres a dar más de sí aun después de haberlo dado todo. Y porque ésta es también una historia aérea: quién hundió finalmente al viejo destructor fue un avión naval.

 Pilotoviejo              

 

 

El hundimiento del DE1 ROU ”URUGUAY”

  Respondiendo a un pedido expreso de mi amigo Pilotoviejo, trataré de describir, en pocas líneas, el hundimiento del DE1 -el recordado Destructor “Uruguay”- un hecho poco conocido y, en cierta forma, curioso.

  A mitad de la década de los años noventa el buque había llegado al final de su vida útil y dado el escaso monto ofrecido por su venta como chatarra -tal como había sucedido en su momento con la Fragata “Montevideo”, se dispuso que fuera hundido en aguas profundas, en un ejercicio en el que serviría como blanco flotante para las tres fragatas de origen francés con que contaba la Armada.

  Para muchos -aunque no para todos, este hecho representaba un honroso final y un merecido homenaje para una unidad que tuvo una muy larga trayectoria al servicio de la Institución.

  Lo cierto es que durante aquel 27 de febrero de 1995, transcurridas varias horas de comenzada la práctica de tiro y agotada la cantidad de munición que se había autorizado, el barco continuaba flotando al garete y sin daños visibles, en un lugar ubicado al sur y a bastante distancia del Cabo Santa María, frente a las costas de Rocha.

  Ante esta situación y debido al peligro que constituye para la navegación la existencia de un casco a la deriva, se decidió que la Aviación Naval enviase un aparato al lugar del evento, con la misión de hundir el buque, de forma de dar cumplimiento a lo que se había establecido.

  Por esa época, yo estaba incorporado a la Armada y en mi carácter de Aviador Naval, prestaba servicios en la Base Aeronaval Nº 2 “C/C Carlos A. Curbelo”. A los efectos de dar cumplimiento a lo que se nos había solicitado y dado que no se contaba con una escuadrilla de ataque, se procedió a enviar un Beechcraft B-200 T. Se trataba de una aeronave biturbohélice, que cumplía principalmente tareas de patrulla y ByR (búsqueda y rescate), como así también misiones de reconocimiento sobre el Mar Territorial.

  Ya que este aparato no portaba originalmente ningún tipo de armamento, se adaptaron sus perchas (estaciones externas bajo las alas), que estaban destinadas a transportar y lanzar bengalas y equipos de supervivencia, para sostener un par de lanzadores múltiples de cohetes de 57 mm., Aspid HE, de procedencia argentina. Asimismo, y a efectos de facilitar la puntería, se le dibujó una rudimentaria -aunque bastante efectiva- mira sobre el parabrisas.

  Armada de esta manera, la aeronave arribó a la zona de tiro, y en una primera pasada sobre el viejo destructor disparó una salva de cohetes, que erraron el blanco.  En este punto vale aclarar, como hecho significativo, que en esa pasada sólo funcionaron cuatro de diez cohetes.   

Al repetirse el intento, se registraron tres impactos directos: uno sobre la base de la chimenea, que no produjo daños de importancia y los otros dos sobre el casco, en la banda de babor y debajo de la línea de flotación, a la altura de la Sala de Máquinas. Estos últimos lograron herir de muerte al desmantelado navío y provocaron su rápido hundimiento, después de tan sólo once minutos de agonía. El lugar del suceso se situaba en la radial 138º de Laguna del Sauce, a 140 millas náuticas, y registraba una profundidad de mil metros.

  • El DE1 Uruguay en sus días de esplendor
  • El DE1 Uruguay en sus días de esplendor
  • El DE1 Uruguay en sus días de esplendor
  • El DE1 Uruguay en sus días de esplendor
  • Desmantelado aguarda por su
  • Impacto de un cohete
  • El principio del fin
  • El destructor comienza a escorarse
  • El agua ya cubre casi toda la superestructura
  • El agua ya cubre casi toda la superestructura
  • El DE1 Uruguay hunde su proa rumbo a su sepultura
  • El viejo guerrero ya descansa a 1200 metros de profundidad
  • Los tripulantes del A-871: V/A James Coates, C/N Julián Valdez, C/F Gastón Bianchi (piloto), T/N Daniel Casas (copiloto), S/O Gutiérrez, Sr. Ricardo “Chango” Figueredo (fotógrafo)
  • Registro del hundimiento

  En el vuelo participó el V/A James Coates, Comandante en Jefe de la Armada de la época, así como también el C/N Julián Valdez, el C/F Gastón Bianchi (piloto), el T/N Daniel Casas (copiloto), el S/O Gutiérrez, y con la función de fotógrafo, mi estimado amigo, el Sr. Ricardo “Chango” Figueredo.

 La desaparición del DE1, aunque prevista, generó de todas maneras un extraño y amargo sentimiento en casi todos aquellos que tuvimos la oportunidad de servir a bordo del veterano gladiador. Por otra parte, se puede decir que el suceso alcanzó ribetes históricos, ya que era la primera vez que una aeronave de nuestro país echaba a pique un buque, aunque más no fuera uno propio.

Hebert Lastra             

 


 

CREDITOS:   

        Fotografías del DE1 en servicio vía Wilman Fuentes

        Imágenes del hundimiento de Ricardo Figueredo

        Perfiles del B-200 T por "los Cerovaz"

        Edición y diagramado  por Pilotoviejo

 

Publicado en Memorias del Tiempo de Vuelo www.pilotoviejo.com en julio de 2007 - Reeditado en agosto de 2025