UNA MALA IDEA...

 

Febrero de 1973.

La orden del Jefe de Grupo, el gran "Diente" Curbelo, durante el briefing mañanero, fue bien clara: para el mediodía todos los T-33 en orden de vuelo debían estar de condiciones de decolar con sus ametralladoras .50 funcionando y con carga completa de munición, en misiones de combate real.

Por distintas circunstancias, hacía varios meses que no se realizaban vuelos de entrenamiento de tiro, por lo que era imprescindible verificar el correcto funcionamiento y armonización de las ametralladoras.

Pilotoviejo, entonces Teniente 2o. y Oficial de Armamento del Grupo, tenía por delante una tarea imposible.

Cada uno de los aviones debía levantarse sobre gatos hidráulicos, nivelándolos horizontalmente para hacer las pruebas de fuego sobre el terraplén del polígono de la Brigada I, para entonces realizar los ajustes de armonización que fueran necesarios. Todo esto normalmente insumía varias horas por avión, por lo que había que buscar una solución al problema, que hiciera posible cumplir la orden en el plazo indicado.

El atribulado Teniente se puso a pensar cómo solucionar el problema... Y ese fue el primero de sus errores del día, el que desencadenó todos los demás, ya que es bien sabido que "cuando el militar piensa, la c'..."

Seguramente el tipo tenía presente lo que reza una de esas contundentes frases incluidas en ese poster motivacional titulado "El piloto de caza lo hace mejor". El Tenientito no quería ser el que desmintiera eso de que el piloto de caza "cuando descubre un problema no lo elude y se dedica a buscar la solución adecuada".

Además, de eludir el problema informando que era imposible cumplir en tiempo la orden, ni hablar. Solamente evocar la imagen del "Diente" hacía que eso se descartara. Había que centrarse en eso de "la solución adecuada".

Y entonces se le iluminó la mente con una idea brillante (tan brillante que seguramente le quemó sectores importantes del cerebro).

El tema no pasaba tanto porque las ametralladoras estuvieran exactamente sincronizadas, sino porque dispararan sin problemas. Era muy importante verificar que la puerta de salida de los casquillos se abriera para dejarlos caer al espacio. Normalmente el funcionamiento de esa puerta se evitaba quitando el fusible correspondiente, para retener las cápsulas de las .50, para luego se vendían a las chatarreras de bronce, generando fondos para el Rubro X, que complementaba las siempre exiguas partidas presupuestales asignadas para los gastos del Grupo. Por eso en las misiones de entrenamiento de tiro, se cargaban solamente 100 rondas por ametralladora, ya que 200 casquillos era la capacidad máxima del espacio donde caían, si la puerta de escape estaba cerrada. Pero en una misión con 600 rondas por ametralladora, la puerta debía abrirse para evitar la acumulación de casquillos y el consiguiente atascamiento de las .50.

Así que el Teniente hizo llevar un avión al lugar habitual para los trabajos de armonización: en la planchada apuntando al polígono. No lo levantaría y nivelaría horizontalmente sobre los gatos, que era lo que insumía mas tiempo, sino que simplemente probaría las ametralladoras y el funcionamiento de la puerta conectando una planta de poder para disponer de electricidad.

Rápidamente se dispuso todo y el Teniente se montó en la cabina y encendió la mira para comprobar su funcionamiento, disponiéndose a apretar el disparador en la empuñadura del bastón de mando. Estaba a punto de hacerlo cuando la imagen en la mira le advirtió claramente que los proyectiles no impactarían en el montículo del polígono, sino que pasarían casi dos metros por encima, ya que la actitud en tierra del T-33 no es horizontal sino de nariz ligeramente levantada. Se le heló la sangre pensando en el desastre que había estado a punto de cometer. Aunque suburbana, la zona en la línea de fuego detrás del polígono estaba densamente poblada por granjas y casas. Y las .50 tenían un alcance efectivo de más de 4 kilómetros...

Desalentado, Pilotoviejo bajó del avión, y se dispuso a hacer el trabajo como se debía, montando cada T-33 sobre gatos y nivelándolo, pero sabiendo ya que no lograría cumplir la orden en el plazo estipulado. Y vista la gravedad de la situación, pensó resignadamente que el tipazo no bajaría de 5 días de cuarto...

Entonces, se le iluminó nuevamente el cerebro (pero seguramente no todo...), alumbrando la perfecta solución al problema del nivelado horizontal para que los aviones no apuntaran por encima del polígono.

Era sencillo. Alcanzaba con poner en marcha el motor, y darle potencia manteniéndolo frenado. De esa forma, la nariz se "agacharía", y las ametralladoras apuntarían entonces horizontalmente: los proyectiles se enterrarían en la tierra del polígono, como cuando el procedimiento se hacía sobre gatos.

Contento como "gato entre la leña" (-bue..., tienen razón: como "gata entre la leña"...) el Teniente procedió a ejecutar su brillante idea. Ordenó despejar la planchada en la zona que barrería el chorro de los gases de escape, y se encaramó en la cabina del T-33, poniendo rápidamente en marcha.

Cuando estuvo todo pronto ordenó escamotear las ametralladoras, y luego, mientras aplicaba frenos, dió gas hasta aproximadamente 95%. Tal como estaba previsto, el amortiguador de la rueda delantera se comprimió, bajando la naríz del avión. Un vistazo a la mira le indicó que las .50 apuntaban ahora donde debían apuntar: a aproximadamente un metro de altura, en el centro del terraplén del polígono. Era perfecto.

Mientras se felicitaba por su capacidad para solucionar problemas, típica del piloto de caza, apretó brevemente el gatillo, y las dos ametralladoras vomitaron una corta ráfaga de proyectiles. Pero el Teniente no había tenido en cuenta que la fuerza del retroceso impulsaría la naríz del avión hacia arriba, por lo que los primeros impactos se produjeron en el terraplén al metro de altura previsto, y los siguientes fueron subiendo hasta más de dos metros. -No hay problema -se dijo Pilotoviejo- le doy potencia hasta 100% y disparo ráfagas cortas para que la nariz no suba tanto como para que las balas pasen por encima del polígono.

Así lo hizo con ese avión, y con los otros. Los aviones se "agachaban" al poner sus turbinas al 100%, y la ráfagas de las .50 dibujaban sobre la pared del polígono un trazo ascendente, pero sin salir nunca por encima del terraplén.

El Teniente terminó así muy rápidamente un trabajo que al principio parecía imposible de cumplir en tiempo y forma, y mientras caminaba orgulloso y sacando pecho rumbo al edificio del Comando de la Brigada, para informarle a su Jefe de Grupo que los aviones estaban prontos para misiones de combate, imaginaba lo que el "Diente" escribiría en su Libreta de Anotaciones: "En circunstancias muy difíciles, este oficial demostró una vez más sus brillantes cualidades como..."

-Permiso mi Teniente -el Soldado de la Guardia lo despertó de su ensueño- hay un señor en la puerta de la Base, que trajo varias de éstas,-mostrándole un dorado proyectil calibre 50- dice que estaba arando en su granja, y que de repente empezó a escuchar repetidos "Chus Chus Chus", mientras algo vivoreaba entre los surcos recién abiertos...

 

Llevó unas horas comprobar que nadie había muerto y que tampoco habían habido daños materiales a causa de las .50 que no pasaban por encima del terraplén, pero que sí lo atravesaban limpiamente cuando impactaban cerca de su tope, para viajar varios kilómetros y terminar, muy afortunadamente, entre los surcos de tierra de las granjas de Canelones...

 

Pilotoviejo         

 


publicado en Memorias del Tiempo de Vuelo www.pilotoviejo.com

en setiembre de 2007