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Escuela Militar de
Aeronáutica, Uruguay
2 de febrero de 1965

En la Plaza de Armas de la Escuela Militar de
Aeronáutica está formado absolutamente todo el personal
de la Institución. Los únicos que no están presentes son
los centinelas apostados en los puestos de vigilancia
del perímetro.
Destacan en el conjunto por su
vestimenta civil y por lo poco marcial de su formación,
treinta muchachos de entre 16 y 20 años. Son los Noveles
Aspirantes, el nuevo grupo de alumnos del Cuerpo de
Cadetes, que llegados a la EMAer apenas ayer, aún no han
recibido sus uniformes. Entre esos mal alineados
muchachos está un imberbe que, cuarenta años después,
utilizaría el seudónimo de Pilotoviejo para publicar las
Memorias del Tiempo de Vuelo de la aviación militar del
Uruguay.
Preside la ceremonia el propio
Director de la Escuela Militar de Aeronáutica, el
entonces Coronel (PAM) José D. Cardozo, luego Brigadier
General y Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea.
En medio de un silencio sepulcral, el
Ayudante solicita la autorización pertinente al Director
de la EMAer, y procede a leer la Orden del Día, luego de
llamar a ocupar el centro de la Plaza de Armas a un
viejo Sargento.
En la Orden del Día se detalla cómo
este Suboficial, durante las horas de la madrugada en
que arriesgaba menos a ser visto, había extraído
combustible del bimotor FAU 503, el Beechcraft AT-11
asignado a la Escuela. El Sargento, uno de los más
antiguos de la Unidad, había llenado una damajuana de 5
litros, mediante el dispositivo de drenaje de
combustible ubicado en la parte inferior del ala del
avión. Seguramente, el destino de ese combustible sería
el tanque del viejo auto del Sargento, esos grandes y
sedientos motores de la década del 50, que aceptaban
casi cualquier tipo de combustible, incluyendo el
aeronáutico de 130 octanos, que destruiría a muchos de
los motorcitos que mueven nuestros autos de hoy.
Pilotoviejo no recuerda el detalle de
las consideraciones sobre “honradez”, “confianza”,
“deber”, “ejemplo”, “reglamento”, “servicio”, etc.,
contenidas en esa Orden del Día. Lo que le quedó grabado
a fuego fue el castigo impuesto al ladrón de cinco
litros de nafta. Se le imponía al Suboficial con más de
veinte años de servicio, la pena de la degradación
deshonrosa, y la expulsión de por vida de la Institución.
Y así se cumplió. Se llamó al Soldado
con menor antigüedad de la Unidad, quien procedió a
acercarse al Sargento para arrancarle de sendos tirones
las escuadras que, cosidas a las mangas del uniforme,
simbolizaban el rango del Suboficial. Inmediatamente,
otros dos Soldados armados llevaron y expulsaron al ex
Sargento por la puerta trasera de la EMAer.
Como ocurre generalmente con las
lecciones magistrales, Pilotoviejo y sus compañeros no
se percataron inmediatamente de que acababan de recibir
una. Fue con el paso del tiempo, que Pilotoviejo asimiló
cabalmente la importancia y el valor capital de
esa lección, como guía de conducta.
Pilotoviejo siempre agradecerá al
“instructor de vuelo” de ese día, el Coronel José D.
Cardozo, la lección impartida a los futuros oficiales de
la Fuerza Aérea Uruguaya:
La vida se debe "volar" con las alas
de la honradez, siempre "sustentadas" por el honor. Si
perdemos la "sustentación", caemos en "pérdida" y se
termina el "vuelo".
Pilotoviejo nunca
olvidará la lección de los cinco litros de nafta.
Pilotoviejo
publicado en Memorias del Tiempo de
Vuelo
www.pilotoviejo.com
el 13 de setiembre de 2009
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